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martes, 28 de enero de 2014

Ciencia no-ficción: un vistazo veraz a nuestro futuro inmediato

Decía Mariano Villarreal en su decálogo para escribir ciencia ficción que «la ciencia ficción NO es prospectiva: no trata de adivinar el futuro sino de especular con racionalidad acerca de posibilidades futuras y sus consecuencias». Y bueno, es cierto que en pro del mensaje el exitoso antólogo de Terra Nova (habrá un número 3, así que ya estáis enviando algo para la convocatoria) ha omitido la acepcion adjetivada y más general de la palabra «prospectiva» (que es la que por lo general utilizamos en este contexto), pero no por ello le falta razón en el fondo de la cuestión: los escritores de ciencia ficción no somos adivinos, somos especuladores. No adelantamos un futuro probable, sino que especulamos con factibles casi siempre remotos, y todos ellos tienen como reflejo la realidad de nuestro entorno. 

Otra cosa es que los aficionados a la ciencia ficción, y aquí se usa la acepción sustantivada con la que jugaba Villarreal en su decálogo, sintamos la tentación de practicar esa prospectiva que según mi recelada y muy poco amada r.A.E viene a ser el «conjunto de análisis y estudios realizados con el fin de explorar o de predecir el futuro, en una determinada materia». Vamos, que de vez en cuando nos apetece pensar en lo que va a pasar y no en lo que podría pasar; miramos al cielo, a la televisión o a nuestro entorno y decimos... ¿y ahora?

No podemos atisbar muy lejos en el porvenir, pero sí que podemos enfocar algunos retazos si miramos a nuestro futuro más inmediato. La ciencia ficción de nuestros padres y abuelos nos alcanza, y podemos hablar de proyectos tal vez menos sorprendentes por lo cercano pero que no dejan de ser maravillosos. La robótica humanoide o que imite anatomías animales ha llegado a ser práctica; la exploración del sistema solar se ha reanudado y a buen ritmo, en un escenario en el que compiten, colaboran y hasta se solapan las financiaciones y agencias públicas y privadas. La revolución de la información sigue desarrollándose y ya hay departamentos militares encargados de tareas puramente informáticas, en un escenario con presencia corporativa por un lado y de lucha directa (tristemente llamada terrorista) por otro, en tramas de espionaje que han manchado a la propia DARPA y que son dignas del mejor cyberpunk. 

Por si os interesan, estos son unos pocos de esos retazos:


Boston Dynamics se lleva el gato robótico al agua
Una desarrolladora privada a la que llevo siguiendo la pista varios años. Con proyectos de alto calado, el principal de ellos su robot cuadrúpedo Big Dog, la empresa de robótica afincada en Massachusetts recibió el apoyo financiero del departamento de armamento estadounidense, DARPA. Siguiendo la tónica general de la financiación gubernamental norteamericana, las inversiones son cuando menos poco claras, y la necesidad real de lo contratado más que cuestionable, pero hey, esto es libre mercado, baby. Nuestro afán infantil por los cacharritos nos hace alegrarnos porque una empresa de robótica reciba financiación. Nuestro miedo más o menos lógico a unas fuerzas armadas con robots asesinos nos hace preocuparnos porque la entidad inversora sea el programa armamentístico yanki. 

Uno de estos aparatitos con los que ya se está instruyendo a militares es el LS3 (al que sigue apodándose Big Dog en honor a una versión anterior), en principio un portador de equipo y munición autónomo diseñado para seguir a los soldados por terreno difícil.


Es curioso cómo ha evolucionado para tener un aspecto más artificial y en mi opinión menos escalofriante. ¿Relacionado tal vez con la famosa hipótesis del valle inquietante?

Aquí unas imágenes de aquel primer Big Dog:


Y aquí la inevitable parodia:


Otros proyectos incluyen el Cheetah, el robot que ostenta el record actual de velocidad con 28.3 millas por hora, y su versión más práctica, el Wildcat, que alcanza unas nada despreciables 16 millas por hora y se mueve por todo tipo de terreno.



En cuanto a robots antropomorfos, los ingenieros de Boston Dynamics han desarrollado el robot Petman, para la prueba fiable de equipo y camuflaje, pero sobre todo como primer ensayo y prueba para algo mucho más ambicioso: ATLAS, un robot humanoide todoterreno para usos militares.




Boston Dynamics fue comprada recientemente por la omnipresente Google, difícil todavía saber si lo hizo con el fin de eliminar competencia para sus otros proyectos en el sector o si hay un interés real en aprovechar las vías de investigación abiertas por el pionero equipo de Massachussets. Por el momento, Google ha asegurado que cumplirá con los contratos que Boston Dynamics tenía pendientes con el ejército de los Estados Unidos.


La Estación Espacial Internacional se jubila y el ambiente orbital se caldea
El proyecto internacional de la estación espacial se desmiembra. Hacia 2020 se espera el fin definitivo de la misión de la ISS, y más allá de ese momento la órbita terrestre podría ser un lugar muy diferente al actual.

No es ningún secreto que EEUU no ha sabido dar la talla en este apartado concreto de la carrera espacial. Solo hay que comparar el despilfarro inmenso que significó Skylab, un proyecto inviable y chapucero, con la funcionalidad y economía de recursos que llevó a la Mir a funcionar durante 12 años y por un coste mucho menor que el de los proyectos americanos que ni siquiera se llegaron a realizar. Los módulos diseñados y lanzados por la Unión Soviética siguen operativos en la sección rusa de la ISS. Sus sistemas de soporte vital funcionan todavía para toda la estación, y hoy en día, más de un cuarto de siglo más tarde, la NASA sigue demostrándose incapaz de emular esta tecnología. Estos mismos módulos rusos, que fueron diseñados para ser reutilizados, forman parte de un plan del Roscosmos (la agencia espacial rusa) para ensamblar una estación espacial rusa tras la desactivación de la ISS. ¿Qué harán entonces los Estados Unidos, hasta la fecha incapaces de mantener hombres en el espacio de manera permanente?

Pero la dualidad de la guerra fría quedó atrás, y estas dos potencias no son ni mucho menos las únicas. De entre las muchas agencias y bloques de agencias espaciales gubernamentales, avanza con más fuerza que el resto la china. El módulo Tiangong 1  fue lanzado ya en 2011, y los planes avanzan sin contratiempo para acoplar una Shenzhou en 2015 (fase de laboratorio orbital) y finalmente un módulo habitable para el establecimiento de una estación espacial de larga estancia (más similar a la Tiangong que vimos en Gravity) a partir de 2020. Teniendo en cuenta que China posó este diciembre la sonda Chang'e 3 en la superficie lunar, y que planean varias misiones automatizadas en el futuro próximo y una misión tripulada en la década de 2020, no es difícil ver por qué la estación espacial es un apartado crucial en los planes del programa espacial Chino.

Pero hasta ahora estamos hablando de iniciativas gubernamentales... ¿qué pasa con la industria privada? Por que sí, grandes empresas están viendo un filón en el sector aeroespacial, y no solo reciben contratos de agencias sino que empiezan a elaborar sus propios proyectos. Una de las más punteras del momento es la revolucionaria spacex, la creadora del Falcon-9, un cohete de próxima generación del que se hablan auténticas maravillas, o del impresionante cohete Grasshopper o «saltamontes». En los siguiente videos veréis por que lo llaman así. El primero está grabado desde un dron giroscópico y el segundo (de un vuelo distinto) desde el suelo:





¡Normal que las vacas se pongan nerviosas! Un cohete capaz de ser reutilizado significaría un descenso enorme en la inversión necesaria para las misiones espaciales, abaratando la puesta en órbita de módulos y satélites y haciendo más realizables sueños como el asentamiento en suelo lunar o la exploración humana del planeta rojo.


Y también...
Hay más futuros de los que hablar, avances maravillosos y anuncios de cosas increíbles por venir, nuevos materiales, revolucionarios medios de transporte... Pero el post corre el peligro de estirarse indefinidamente y mi única intención era la de despertar esa sensación de asombro que también habita fuera de la ficción. Así que os animo a investigar por vosotros mismos, a bucear en esas noticias que casi nunca se abren un hueco en la prensa generalista y descubrir maravillas que no son especulaciones propias de la ciencia ficción, sino adelantos de un futuro que ya casi está aquí.

jueves, 23 de enero de 2014

Ácronos vol.2, muy pronto a la venta

Tyrannosaurus Books ha tirado de la manta y ha querido compartir con todos nosotros la portada de la segunda entrega de Ácronos, que por cierto vuelve a tener una pinta genial y que esta vez ha sido diseñada por Joe Day.

Además han confirmado en su web de facebook que salvo imprevisto el libro estará a la venta muy pronto, a mediados de febrero. 

Entre sus páginas irá, como ya sabéis, mi relato Disparos en la niebla. 

Os dejo con la estupenda portada:


martes, 7 de enero de 2014

Hijos de Tayyll, de Raelana Dsagan

Texto de contraportada:


En el mundo desértico y siempre peligroso de Tayyll, sus habitantes luchan por sobrevivir a los elementos y a sus propios demonios.
Descubre en estas páginas los secretos que se ocultan en la ciudad de Ohmp, o el poder y la responsabilidad que arrastran los magos de las montañas.
Las historias se entremezclan en Hijos de Tayyll, creando un rico tapiz que nos permite introducirnos en este fascinante escenario.


Una pequeña introducción: Yo y la fantasía épica
Hace años que apenas leo fantasía épica. Hala, ya lo he dicho. Leí a Tolkien, una gran parte de la Dragonlance, novelas de los Reinos olvidados, y bueno, casi cualquier cosa que encontraba con elfos y dragones, porque eso es lo que se hace cuando tienes diez o once años y descubres algo tan inimitable como la Tierra Media: buscar imitaciones. Pero pasada la adolescencia dejé de leer este tipo de novelas, salvo algún título de vez en cuando, y la mayoría fuera de lo típico. Tal vez me cansé de revisitar una y otra vez mundos tan similares, de revivir el mismo viaje heróico plagado de los mismos clichés, de soportar sagas de miles y miles de páginas de incontinencia pseudo medieval. Y por eso de un tiempo a esta parte me he refugiado en la ciencia ficción, el terror o el fantástico más amplio (estoy pensando en libros como American Gods, de Neil Gaiman, La historia interminable de Michael Ende o cualquiera de la saga del Mundodisco de Terry Pratchett).

Soy consciente de que, como siempre que se rechaza algo en base a una opinión incompleta, me equivoco al no seguir buscando ese tipo de fantasía que me reconcilie con el género. Me encantan las obras de ciencia ficción de Ursula K. Le Guin, por ejemplo, y tengo casi la certeza de que me gustaría su saga de Terramar. Por otro lado, decepciones como Canción de hielo y fuego, que sí, es una saga estupendamente escrita, pero para mi gusto innecesariamente alargada, hacen que jugársela con un nuevo título de épica no me resulte fácil.

Otra pequeña introducción: Los relatos de Raelana Dsagan
Una vez establecido mi disgusto por las dragonadas más arquetípicas, resulta difícil creer que me lanzase a comprar un libro de fantasía épica con magos y dragones, como el que nos ocupa. Pero es que la cosa tiene truco. Porque yo ya sabía cómo escribe Raelana (Carmen del Pino), y esa garantía puede serlo todo. Porque he leído sus relatos, a menudo profundos, alguna vez cienciaficticios, y nunca me han disgustado. 

Creo que Raelana ha publicado ya siete u ocho relatos en Calabazas en el trastero, y a lo largo de todos esos números (incluso hemos coincidido en un par) he podido ir conociendo su forma de escribir. Hasta me he descubierto impaciente por leer su relato de entre los trece por saber, como me pasase con otros calabaceros (Santi Eximeno, Manuel Mije, Ignacio Cid o Miguel Puente) que su historia iba a gustarme sí o sí

Supongo que aquí hay un componente subjetivo, por encima de la calidad del relato, que es el que hace que sus cuentos funcionen para mí. Puede no ser extrapolable para todos, pero a mí me ganan la solidez de sus personajes y su afición a la introspección, sus tramas profundas y a menudo transmisoras de mensaje.Y no soy el único que opina así, creo. Podéis ir a la ficha de su libro en la web de Pedro Escudero Ediciones para leer muchos de sus logros. 

Pero con todo, pensaréis, una dragonada es una dragonada, ¿no? ¿Consiguió Raelana, a pesar de gustarme cómo escribe, hacerme disfrutar con este libro de un género que yo ya tenía más que aparcado? Aquello eran relatos, y esto es una novela y su primer libro publicado en solitario. ¿Ha conseguido Raelana dar bien el salto?

Hijos de Tayyll
Venga, os doy la respuesta corta: sí a las dos. ¿Demasiado corta? Bueno, antes de solucionarlo y ahondar más en el argumento y los pros y contras del libro dejadme que os hable del aspecto formal: Hijos de Tayyll abarca poco más de cien páginas, lo que la convierte en una novela corta (de unas ¿veinte, veinticinco mil palabras?). Este formato permite recrearse en una historia que, aunque corta, resulta ser profunda e inmersiva sin que por ello sobre nada. Además, está estructurada de un modo que, al principio, me hizo pensar en un fix-up, es decir, en una novela compuesta a base de historias independientes escritas anteriormente. Pero aunque no lo descarto, creo que más bien nos encontramos ante un inteligente juego con el hilo temporal de la trama, una historia en que las distintas líneas narrativas vienen a unirse con maestría y para la cuál no se me habría ocurrido un orden mejor en que presentar los hechos. 

La narración comienza en las montañas, con el encuentro entre Grustak un guerrero del mar de sal y una joven hechicera ciega de la que ni siquiera sabremos el nombre, por el momento. Grustak ha venido en busca de un hechicero que ayude a su tribu, un deseo compartido por todas las gentes que malviven en las arenas del desierto. Pues los hechiceros, que podrían ayudarles con su magia basada en la consciencia del cuerpo y la abstracción de la mente, siempre viajan a servir a los habitantes de la ciudad de Ohmp. Allí hay otro tipo de magos, unos pocos elegidos que desprecian sus envolturas corpóreas y cultivan una magia muy distinta a la de las montañas mediante la que dominan los secretos de la mente.

El modo en que esta premisa (una de las muchas que articulan Tayyll) se nos presenta poco a poco, en pinceladas de información estratégicamente diseminadas a lo largo de la lectura, convierte un planteamiento a priori convencional en una propuesta original y que mantiene la sensación de maravilla hasta las últimas páginas.

Es esto mismo, el modo en que la información se presenta subrepticiamente, y siempre dejando que el lector rellene algunos de los huecos, lo que evidencia a la autora como una admiradora de los hitos del género de espadas y dragones, sí, pero también como una hábil manejante de los recursos narrativos propios de la ciencia ficción. Y es que en esta historia con dragones que no son los típicos dragones y hechiceros que siguen siendo humanos, también hay espacio para la especulación. Así, el mundo de Tayyll no siempre fue un erial desértico, y podemos preguntarnos cómo llegó a ser lo que es. Tampoco las sociedades que lo pueblan fueron siempre así, y esta interrelación ecosistémica que tanto recuerda al Dune de Frank Herbert compone un trasfondo poderoso y evocador, requisito ineludible en esta fantasía a la que a lo mejor cabría llamar la de arquitectura de mundos, en la que los escritores toman el papel de dioses en su particular Génesis. 

Las similitudes con la obra de Herbert no terminan en lo ambiental, por cierto. Desde el aspecto profético hasta las más evidentes (el pueblo del desierto y la restitución de su bienestar, las criaturas de las arenas, ese gran cambio o desastre sugerido en el pasado...) son reminiscencias, sin embargo, que en ningún momento empañan la obra ni le restan originalidad. Las pequeñas criaturas colmenarias de color azul brillante, por ejemplo, que conviven en simbiosis con los hombres del desierto y les proveen de agua mientras que se alimentan de su carne y viven en comunión psíquica, son lo mejor que un servidor ha visto en mascotas simbióticas desde que Lucas se inventó esa tontería de los midiclodianos. 

Pero siempre digo que no me gusta desvelar mucho de las tramas, y creo que con este libro —especialmente este, que es corto— me estoy pasando. 

Así que antes del alegato final paso a lo más temido: los defectos. Debo decir que en la narración hay cierta fluctuación del sujeto y del tiempo verbal narrativo, que al menos a mí me resultan incómodas. Aunque por lo general no puede decirse que estas discordancias sean del todo incorrectas, la verdad es que afean algunas frases y dificultan la lectura en varias ocasiones. A veces perdemos de vista quién dice o hace qué y a quién, o pasamos sin que venga justificado por el contexto de un «dijo» a un «dice», o de asistir a los pensamientos de un personaje a los de otro, cuando sin embargo se nos hace pensar que el narrador, aunque en tercera persona, no es omnisciente. Creo que esta es una de las últimas cosas que le quedan por pulir a la autora para que la lectura sea redonda, obviando en lo que toca al corrector una o dos faltas de esas que siempre terminan escapándose y que mucha gente ni siquiera verá, por lo que carecen de más importancia.

Así que nos queda un libro corto pero muy bien llenado. ¿Por qué comprarlo? Pues porque es toda una confirmación para los que decimos que también puede haber fantasía breve y de calidad, porque la autora es signifique lo que signifique eso de aquí, porque cuesta diez eurillos y vosotros no sé, pero yo eso lo tengo muy en cuenta; porque está entramado como para sentarse y tomar nota, porque los personajes se dejan querer y porque está plagado de detalles originales. Porque desde la distancia recuerda a Le Guin y a Herbert, es fantasía pero (aunque mesiánica) tal vez no es épica, y bebe sin complejos de la mejor ciencia ficción social y humanista. 

En fin, porque me ha demostrado que hay dragonadas historias de fantasía con magia y dragones ahí fuera capaces de hacerme disfrutar.

jueves, 2 de enero de 2014

Cambios, cambios, cambios...

Cambiamos de año, y toca echar la vista atrás, primero, y hacia delante, después. También plantearse nuevas metas o, por qué no, renovarse. Y sí, sé que en realidad esta fecha debería ser tan normal como cualquier otra, y que en cualquier momento del año podemos hacer estas cosas (y las hacemos), pero el manido recuento/propósito de año nuevo no deja de ser un empujón que no está de más aprovechar. 

La primera parte de este ritual, el vistazo atrás, tiene un sabor dulce para mí. Y es que ha sido un año del que no me puedo quejar, productivo y lleno de recompensas que me han animado siempre cuando más lo necesitaba. Durante este 2013 que se nos va he escrito una novela antológica, dos  novelas cortas y diez relatos breves. He publicado dos historias cortas en antologías impresas, una en mi querida Calabazas en el Trastero, en el número XIV (titulado esta vez Creaturas) y otra en Steam Tales. Me llevé la alegría de ser seleccionado para la antología Ácronos 2 de steampunk y, casi casi cerrando el año (menudo broche), he firmado un contrato editorial por los derechos de mi segundo libro en solitario, Ciencia y revolución

Mirando hacia el año entrante, no puedo ser menos que optimista. Tocará celebrar la publicación de Ciencia y revolución, como plato fuerte, y de regalo la de Ácronos 2 (que, al margen de mi relato, os adelanto que tiene una pinta fantástica) y alguna sorpresa más de la que todavía no os puedo hablar.

En cuanto a los propósitos... os los podréis imaginar: espero seguir escribiendo tanto como pueda y así, al menos, mantener el ritmo y seguir descubriendo sobre la marcha cómo demonios funciona esto de la literatura. Seguir conociendo a compañeros de letras de los que aprender y con los que crecer y, ya toca, ir a convenciones y otros saraos. No he ido a ninguna Hispacón, pero la de 2014 ya no me la pierdo, y es solo uno de los muchos eventos a los que (y creo que merecerá la pena) me encantaría poder acudir, aunque en la práctica no se puede hacer todo... el furgol es asín.

Y luego está el blog. Que se le coge cariño, joé. La cosa empezó como la bitácora de un novel, enseguida y fugazmente promoción de mi primera novela y, al final, ha terminado siendo un cajón de sastre en el que han cabido cosas tan dispares como una reseña de las Novelas Ejemplares de Cervantes (con un montón de visitas: chavales, copiar está feo... pero si lo hacéis bien y no os pillan los profes, me alegro de echaros una mano). Un artículo sobre el sexo en la literatura (también de los más visitados, pero es que el sexo es el tag de los tags, qué le vamos a hacer). Un manual para crear y subir vuestro favicon (con capturas de pantalla y, como dice un amigo, explicado para tontos). Y bueno, algunos relatos de mejor o peor factura, muchas reseñas de libros de autores internacionales y pieldetorenses, artículos de opinión, comentarios de pelis, ocio, cosas personales y, a veces, entradas de relleno porque soy así de malvado. 

Como véis ha cambiado el diseño. No sé si a mejor (a mí me parece que sí, ya me diréis) o solo a distinto, lo que de por sí también se agradece. 

Odio las frases hechas y poco sentidas... pero no por eso es menos cierto que os deseo a todos, nos deseo, un año dos mil catorce perfecto en todos los aspectos (siempre hay que pedirle mucho a la vida, y así tenemos algo de margen con lo que negociar). En cuanto a dos mil trece... quedaos con lo bueno, y habrá sido un año bueno, sin importar los malos momentos que hayáis pasado. ¿Que ni por esas se os queda un buen recuerdo? Pues pensad que esos doce meses están criando malvas y el calendario en la papelera. 

Sed felices y sed buenos, pero no porque sean fiestas. Mejor porque sí.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Ciencia y revolución: ¡Todo lo que nunca se atrevió a preguntar! (Y algunas cosas que sí)

El otro día quise compartir enseguida la noticia con todos vosotros, pero todavía era pronto y no tenía mucha información que daros. Ahora que la cosa está algo más avanzada, y aunque todavía quedan interrogantes, creo que puedo ir respondiendo a varias de esas preguntas que algunos me habéis transmitido y que tal vez otros (dos o tres, porque esta web es un rinconcillo humilde y de poco tránsito) os estéis haciendo acerca de mi próxima novela: Ciencia y revolución.

El modelo de preguntas y respuestas nos ha funcionado bien en el pasado, así que por qué no usarlo otra vez. Por favor, perdonadme por esa sensación de identidad disociativa. Sí, estoy hablando solo, lo sé. Y para los nuevos... sí, este blog es un poco así.

Empezamos:

1. ¿Qué es eso de Ciencia y revolución? ¿Me he perdido algo? 
No te has perdido nada importante, querido lector hipotético. Un resumen: Ciencia y revolución es mi próximo libro. Es una obra de ciencia ficción con un ojo en la situación política que estamos viviendo y otro en esas historias ya clásicas que han hecho grande el género: Huxley, Orwell, Asimov, Clarke, Dick...

2. ¿De qué trata?
Mikelu Savanna, Mike para los amigos, es un profesor peculiar que imparte una charla también muy peculiar en un aula del futuro, más o menos un siglo a partir de este momento. En esa charla el profesor habla de la ciencia ficción de nuestra época que entonces algunos llaman "la cuarta edad" y se leen una serie de historias. Entre otras sorpresas, los oyentes asisten a la invención de un instrumento musical que puede controlar nuestra mente, al surgimiento de grupos de econoterroristas, a las consecuencias imprevistas de la revolución marciana y a algunas cosas tan increíbles como la transformación de un ser humano en un dios, es decir, un ser omnipotente, omnipresente, omnisciente y todos los omnis que se os ocurran. Además intervienen una anacrónica pipa de fumar y otras cosas también muy imprevistas, increíbles y sorpresivas. ¿He hablado ya de las sorpresas? 

 3. ¿Es una novela, o una colección de relatos?
Esta tiene truco, porque Ciencia y revolución es las dos cosas a la vez. Algo así como lo que hizo el gran Bradbury en El hombre ilustrado, o por escoger un ejemplo más universal, como ocurre en Las mil y una noches: hay una historia principal a lo largo de todo el libro, que empieza en la primera página y termina en la última. Hasta aquí, una novela como las demás. Eso sí, también hay algunos relatos breves intercalados en la trama, igual que Sherezade le cuenta al sultán la historia de la cueva de los ladrones, o igual que asistimos a la historia que hay detrás de cada uno de los tatuajes del hombre ilustrado. Yo a esto le llamo novela antológica, por razones totalmente arbitrarias.

4. ¿Por qué el título?
Por un cúmulo de cosas. Porque rima con ciencia ficción, porque hay algo de ciencia y algo de revolución, porque la ciencia ficción de algún modo es una pequeña revolución en la mente de quien la lee y porque las revoluciones, de algún modo, se dejan notar en la ciencia ficción más que en ningún otro género de ficción.

5. ¿Es políticamente correcto?
No intenta serlo, ni mucho menos. Claro que tampoco intenta ser políticamente incorrecto por el mero placer de tocar las narices. En el libro hay movimientos de insurrección ciudadana. Lucha armada. Estados de emergencia permanentes y brutalidad policial. Terrorismo del que castigan los estados y terrorismo del que practican los estados. Hay golpes para derrocar el poder y tácticas poco honestas para mantenerlo. Ni más ni menos: no es un manifiesto, son aventuras de especulación social y científica.

6. ¿Qué editorial va a publicar el libro?
Esta va para los compañeros y compañeras del gremio, que probablemente tengan curiosidad. La editorial se llama Libralia. Tienen experiencia, y aunque estrenan denominación (acaban de dar un paso importante) ya saben lo que se hacen en esto de publicar historias. Tienen una plataforma propia de promoción y distribución, Click&Read, que compaginan con la distribución clásica a librerías de toda España.
Tengo que decir que les conocí debido a otro proyecto en el que estoy metido con varios compañeros de letras y del que os hablaré más adelante. Como veis, fue un encuentro casual pero doblemente feliz.


7. ¿Cuándo estará Ciencia y revolución a la venta?
¡La pregunta maldita! [coro de voces de ultratumba]
Bueno, la respuesta rápida es que no lo sé. La respuesta incompleta es que estará pronto, y la respuesta algo menos incompleta es que la editorial está trabajando en el libro a muy buen ritmo, que hasta el momento han demostrado diligencia y profesionalidad y... hasta aquí puedo leer. Para lo que se estila en estos casos, y ya sabéis que en esto de hacer libros no convienen las prisas, os aseguro que el libro estará pronto... muy, muy pronto.

8. ¿Tendrá una portada molona, tal vez con una valquiria en topless a lomos de un tiburón y luchando a muerte contra un tiranosaurio que lanza rayos laser por los ojos mientras el sol estalla y llueven guitarras eléctricas?
Pues esa no va a ser la portada, pero la verdad es que molaría un taco, querido constructo voluntario de mi imaginación.
En realidad ya sé cómo será el diseño. Cuando el editor me pidió una descripción vaga de lo que quería, me invadió ese espíritu emprendedor (léase culo inquieto) que tengo y me puse a trabajar con Photoshop (con GIMP, en realidad). Solo quería darles un ejemplo de lo que me gustaría, pero tanto a mí como a ellos nos convenció el resultado y finalmente voy a ser el portadista. 
Esto por un lado está genial, porque la haré a mi gusto, pero por otro lado es una responsabilidad añadida (glup). En cualquier caso, si la portada al final no mola tanto como vosotros os merecéis (para empezar seguro que no mola tanto como la del tiburón y el T-Rex), ya sabéis a quien culpar. ¡¡¡BIEN!!! (léase con voz de no estar desquiciado para nada) ('o_o)

9. Todavía tengo dudas. ¿Qué puedo hacer? ¿Debería salir a la calle y golpear a la primera persona que vea?
No, por favor (¿por qué cuando imagino gente me la imagino tan rara?), mejor pregúntame lo que quieras en los comentarios, que para eso están.


Y bueno, eso es todo lo que se me ocurre por ahora. Me siento un poco idiota, como siempre que hago esto del cuestionario, pero en fin, espero que os haya servido o, al menos, entretenido. Voy a tomarme un té bien caliente y a seguir esperando con impaciencia a que Ciencia y revolución salga a la calle.

¡Nos vemos en los comentarios!

lunes, 9 de diciembre de 2013

Diástole, de Emilio Bueso



Texto de contraportada:

Jérôme es un pintor caído en desgracia que recibe el encargo de retratar a Iván, un misterioso extranjero cuyo pasado irá revelándose a medida que nos relate su historia durante las sesiones de posado.

Jérôme conocerá así la historia de un hombre perseguido por Moscú durante décadas; un forajido que tuvo que recorrer a la fuga los escenarios más duros de la extinta Unión Soviética, sobrevivir al asedio nazi de Leningrado, desaparecer en las noches de San Petersburgo durante los días más crudos de la dictadura, esconderse en las zonas más contaminadas de Chernóbil... La auténtica naturaleza de Iván se nos revelará cuando conozcamos el antiguo y terrible mal que porta consigo, hecho a partes iguales de radiactividad y de una espantosa maldición que habita en el corazón del arte pictórico.

Diástole es un viaje febril que bombea terror y novela negra, dentelladas a la yugular y chutes de heroína, plutonio y poesía. Una corrosiva historia de amor y fatalidad que abre de un hachazo un nuevo registro en la actual narrativa de terror española.

No me gusta esta contraportada que te cuenta media novela y se queda tan ancha. Habría preferido que me dijese en letras grandes: «Sí, sí, ya sé que estás hasta los huevos de vampiros, pero esto es distinto. En serio, pruébalo, es diferente a todo lo demás y, sobre todo, es bueno. Bueno de verdad.»

Y es que tengo que decirlo, no olvidemos que este libro salió de imprenta en 2011. La vampiritis ya iba dando paso a la zombifilia, pero aquel metamonstruo que se alimentaba de sagas, clones de sagas, clones de los clones de las sagas, reediciones de clásicos, películas, cómics y series, todavía coleaba, y en mitad de esa resaca sangrienta una portada como la que ilustra Diástole, con semejante declaración de intenciones, me transmitía de todo menos la originalidad que buscaba entre tanto superventas zafio de tirón corporativo y tantísimo intento a medias. 

Pero esto ni seguía esa estela ni era eso, no lo es, y por ese prejuicio es que he tardado tanto en disfrutar de la novela de Bueso. Esto es lo que la gente que no lee fantástico, o mejor dicho, la que no sabe que lee fantástico cuando lo lee, llamaría narrativa, ficción contemporánea o, si tienen el día aventurero, realismo mágico. Y al mismo tiempo es una novelaza de terror, con vampiros de los de toda la vida... o casi. Y también es una novela negra. Y un thriller para leer del tirón. Y un drama de cucharas y agujas. Y un vistazo a la eurasia del este que no es ni el de un marxista romántico ni el de un niñato geekdental adoctrinado por Apple. Es peor, es el vistazo amargo y deslenguado de un cínico, lo que suele ser sinónimo de verdad o, al menos, de algo que se le acerca mucho.  

En una de las solapas leemos que Emilio Bueso procede del realismo sucio (se nota) y que entre sus influencias hay gente como Palahniuk, Lovecraft y Barker. Y Palahniuk y Barker están ahí en todo momento, pero sin embargo o quizá precisamente por eso— yo me quedo con esa influencia de Lovecraft. Porque al maestro de Providence no se le nota en Diástole, y eso es siempre síntoma de que el influido es uno de esos pocos afortunados que ha entendido lo que Lovecraft escribió, en lugar de quedarse con cómo lo escribió.

Por lo demás —no puedo entrar a hablar de la trama sin repetir lo que ya habéis leído en la contraportadaDiástole es una punta de lanza de un tema del que ya se habló hace poco, de lo que es género, lo que no lo es, y el modo de difuminar o no estas barreras o, al menos, de atraer lectores a la vertiente más imaginativa de la narrativa. La novela de Bueso es un puñetazo en la boca del estómago del mainstream, un bocado en la yugular de las etiquetas, y de esto Salto de Página entiende un rato. Es narrativa para fuera del fandom sin volverle la espalda a los cuatro freaks cuatrocientos, cuatro mil, cuarenta mil... dadnos tiempo que leemos «cosas de esas raras». Los mismos que de pequeños preferíamos los muñecos más feos, las películas con los monstruos más raros, con alienígenas, superhéroes, demonios, orcos... que nos hemos criado a la sombra de una cultura de fuera, y que nos va apeteciendo desarrollar ahora desde dentro. Y que eso no signifique emular. Que nadie invente la rueda ni ruede un E.T. manchego.

Antes de seguir divagando, termino: si te gusta Saramago, lee este libro. Si te gusta Tom Clancy, lee este libro. Si te gusta Asimov, lee este libro. Si te gusta Murakami, lee este libro. Si te gusta Barker, lee este libro. IF ELSE, lee este libro.

martes, 3 de diciembre de 2013

Una buena noticia

 

Pero buena de verdad, no como las del doctor Farnsworth. Lo que pasa es que, como después de todo esto es un blog literario y yo un verborréico incurable, voy a contarla despacio. Me perdonaréis, pero voy a paladearla y dejar que vayáis adivinándola poco a poco, si es que no lo habéis hecho ya.

Primero, un poco de situación: hace dos años, en agosto de 2011, os conté desde este pequeño rincón de la red que había puesto el punto final a mi segunda novela. A finales de otoño de 2012, un año después de eso, os conté cómo aquellos doce meses desde que pude escribir ese «FIN» habían sido en vano, al menos en lo que respectaba a la publicación del libro; y es que cometí la temeridad de enviar mi manuscrito a una única editorial, y para más inri a una que se perdió en el limbo de las sociedades limitadas difuntas, así que nunca sabré si les habría interesado publicar mi novela.

No fue un buen momento, la verdad; pero tampoco uno terrible. 

Porque una de las muchas ventajas de ser un loco con los pies en el suelo, sí, pero la cabeza en las estrellas, es que nos resbala el pesimismo. Bueno, nos deja una mancha oscura y pringosa al escurrirse, eso sí, pero al final, al final, nos resbala y cae al suelo con un ptf muy característico. Y gracias a esa impermeabilidad pude rabiar y cagarme en todo bien alto, sí (esa mancha), pero sin dejar ni por un momento de escribir y, tras considerar con paciencia mis movimientos durante unos meses (¿qué importaban un par más?), seguir esforzándome por publicar.

Es difícil ver esto desde fuera, lo sé. Muchos lectores de este blog sois escritores o gente relacionada con el mundillo, pero muchos otros no. A estos puede sorprender el hecho de que, tras escribir la novela, quede todavía la mitad del trabajo, un trabajo muy diferente y para el que uno no tiene por qué estar capacitado. Y es que encontrar editorial cuesta su esfuerzo, sus horas, su e-carteo, su investigación, sus respuestas (casi siempre ausencia de ellas), sus esperas (¡y qué esperas!), su... todo. Nos cuesta todo menos el optimismo, no lo olvidéis; porque ya hemos dicho que para ser escritor hay que estar un poco loco, saber negar en su justa medida la realidad pero sin que la cosa se desmadre y llegue al punto de las carcajadas histéricas.

Y alguna vez, alguna de esas en que hemos logrado mantener el optimismo, llega la recompensa. 

Esta es una de esas veces. Así que espero que pronto podáis leer mi próxima novela, la segunda escrita, la segunda publicada. Se llama Ciencia y revolución y... bueno, voy a ir dando más detalles, por supuesto, y prometo que también habrá una entrada en serio, con letras grandes y claras, una sin rodeos y que no tengáis que leer hasta el final si tenéis que ir a recoger a los niños o fregar los cacharros o si sencillamente no os apetece leerla en ese momento, y todo para descubrir cuál es la puñetera noticia. Escribiré esa entrada cuando llegue el momento; ahora le toca a esta. Es apenas la antesala de la noticia, el ensayo de un anuncio dado en petit comité, para los habituales. Pero lo importante ya está aquí, en este primer grito al aire. Ahora que habéis llegado al final de la entrada y estamos en confianza (porque llegar al final, si no lo érais ya, os ha convertido en lectores de este humilde blog), os diré lo que les dije a mis amigos: «quieren publicar mi segunda novela. Ya os iré dando detalles según vaya pudiendo.»