jueves, 16 de mayo de 2013

Fotomatón, de Luis Borrás


No es frecuente, en antologías fuera de género, encontrar una temática tan marcada y homogénea como presentan las dos colecciones de relatos de Luis Borrás. Si en su Cambio de planes (Ed.Certeza, 2010) vertebraba sus relatos en torno a un gran cambio en la vida de sus protagonistas, a veces con forma de rito de paso y otras de apoteósico impass, en Fotomatón (Ed. Setelee, 2012) el ejercicio es otro: Luis aúna su pasión por la fotografía con su hacer narrativo, poniendo voces y hechos a una selección de trabajos fotográficos de diferentes autores, dando voz a las historias que intuye escondidas tras las instantáneas.

Así la fotografía de Karto Gimeno, en la que vemos los pies separados de una estatua sobre la cama desecha, sirve como acicate a Con efecto retardado, una breve historia sobre un paseo sobre las brasas que después de todo pudo no haber valido la pena. Y este es solo un ejemplo de cómo el autor conjuga las imágenes y las historias, abrumando algunas veces memorables los sentidos con una cuidada mezcla de comunicación pictórica y semántica, cuando terminamos el relato y volvemos las páginas para contemplar de nuevo la fotografía que lo acompaña.

Las historias, breves y sin una palabra de más (una de las mayores virtudes de Luis) suman un total de veinte, a lo largo de unas ciento cuarenta páginas. El resultado es ligero, un libro para leer a tientos, como se lee un libro de poesía o se hojea el álbum de arte de un pintor. No en vano muchos de los textos bordean a veces los límites mostrando eso, instantáneas, casi más cercanas a la lírica que a la narrativa.

Luis Borrás es conocido por sus lecturas, sus reseñas y comentarios literarios en varios medios de prensa escrita e internet como el Heraldo de Aragón o el Diario del Alto Aragón, entre otros. Si queréis saber algo más de él (y, si buscáis lo suficiente, también leer alguno de los relatos que incluyen sus libros y juzgar por vosotros mismos) podéis dirigiros a sus blogs: luisborras.wordpress.com y aragonliterario.blogspot.com.

Como ocurriese con Cambio de planes, Fotomatón os gustará a quienes disfrutéis con el buen escribir, con la prosa cuidada y medida, pero sobre todo a quienes sepáis apreciar la mirada de artista de Luis, que sin grandes despliegues nos recuerda el carrusel de emociones que se esconde tan solo un paso más allá de nuestra fingida indiferencia hacia la rutina y lo cercano.

jueves, 9 de mayo de 2013

El juego de Ender en la pantalla grande


Pues sí, la adaptación de la famosa novela de Orson Scott Card está anunciada para Noviembre de este año, contará con la presencia de Harrison Ford y Ben Kingsley y ya tenemos un primer tráiler. Como siempre en esta espiral de adaptaciones hay muchas probabilidades de un enorme fiasco, pero por otro lado es difícil estropear una novela como esta.

Y bueno, pase lo que pase siempre nos quedará el libro para revivir la guerra con los insectores...



Actualización 9 de Mayo 2013: ¿Os suena de algo el nombre de Gavin Hood? Se trata del director y co-guionista de la película, y se le conoce por su trabajo en... ¡Stargate SG-1!

viernes, 3 de mayo de 2013

La chica mecánica, de Paolo Bacigalupi


Texto de contraportada:
Anderson Lake es el hombre de confianza de AgriGen en Tailandia, un reino cerrado a los extrangeros para proteger sus preciadas reservas ecológicas. Su empleo como director de una fábrica es en realidad una tapadera. Anderson peina los puestos callejeros de Bangkok en busca del botín más preciado para sus amos: los alimentos que la humanidad creía extinguidos. Entonces encuentra a Emiko, una «chica mecánica», el último eslabón de la ingeniería genética. Acusados por unos de carecer de alma, por otros de ser demonios encarnados, los neoseres son esclavos, soldados o, en el caso de Emiko, juguetes sexuales para satisfacer a los ricos en un futuro inquietantemente cercano, donde las personas nuevamente han de recordar qué las hace humanas.

Un nuevo clásico
No se me ocurre otro modo de comenzar esta reseña. Con La chica mecánica, Paolo Bacigalupi se ha aupado a la categoría de los grandes. Ganadora de los premios Hugo, Nébula y Locus, su novela es original, comprometida, impactante, reflexiva, imaginativa, profunda y muy, muy absorvente, sobre todo para aquellos que disfrutamos con la política ficción o con las conjuras y el espionaje entre múltiples facciones. En esto último —en las conjuras casi palaciegas— se asemeja al Dune de Herbert, aunque de un modo más realista, más tangible, una sensación que quizá venga fomentada por el futuro relativamente cercano en que Paolo ha ambientado su relato. Por seguir con las odiosas comparaciones, se le podría achacar un uso maestro de la atmósfera y el contexto que no siempre se encuentra en el género. Si bien en la piel de toro (en El Periódico de Catalunya) se le ha comparado con Ballard, yo identifico esta profusión de detalles con la de Will Gibson (Neuromante), y el hecho de que estos mismos detalles no estorben a la historia con lo mejor de Philip K. Dick: no en vano Neuromante es una novela que por momentos puede resultar confusa incluso a los más acérrimos lectores de ciencia ficción, amén de ser algo complicada de traducir, lo que echa más leña al fuego para los lectores en castellano.

Pero me voy del tema. ¿Qué se encuentra entre las páginas de La chica mecánica? Una Tailandia casi tangible, en la que por momentos creeremos atravesar en rickshaw las hiperpobladas calles de los peores distritos de Bangkok, en la que casi sentiremos cómo nos salpica la sangre de los peores combates de muay thai. Un futuro en el que los combustibles fósiles casi han desaparecido por completo, en que una serie de hecatombes y plagas genéticas ha condenado a un mundo ya atenazado por los efectos del cambio climático a una hambruna sin precedentes. Una lucha encarnizada entre corporaciones genéticas que están dispuestas a todo por obtener beneficios y nuevas formas de comercio biológico y un reino blindado, una última isla de riqueza en un mundo arrasado, cuyo gobierno interno se tambalea en la enésima inclinación de una balanza que a lo largo de los siglos ha ido pivotando a base de luchas internas y  coup d'etats.

Todo esto y acción, intriga, especulación... y una geisha diseñada, una creatura in vitro, Emiko, un neoser fabricado en Japón por pura arquitectura genética y con una única función: la gratificación sexual. 


El biopunk, uno de los tres pilares de la ciencia ficción contemporánea
¿La conquista espacial? Ya está aquí. ¿Los androides, mechas y robots? Echad un vistazo a los juguetitos que DARPA y Boston Dynamics están creando a marchas forzadas. ¿El Gran Hermano, el Nuevo Orden Mundial? No me hagáis hablar... 

Las ideas de la ciencia ficción clásica abandonan el área de la especulación y los nuevos argumentos pueblan las novelas de los premios Hugo y Nébula de los últimos años, y por qué no decirlo, también de los patrios Alberto Magno (facultad de ciencias de la Universidad del País Vasco) y UPC (Universidad Politécnica de Cataluña).   

Junto a la nanociencia y el advenimiento de la singularidad tecnológica, el biopunk se reinventa en la tesitura de la extinción de combustibles y las apabullantes capacidades de la ingeniería genética y el transhumanismo.

Paolo Bacigalupi no es ningún novato en el biopunk, que ya poblaba sus escritos anteriores. Se palpa en su narración el impacto de la ingeniería genética en los enormes megodontes, elefantes hiperdesarrollados para el aprovechamiento de su energía motriz, o esos espectros similares a los gatos de increíbles reflejos que se han reproducido hasta erradicar a sus homólogos felinos, o el ngaw, un fruto recuperado de un perdido y antiquísimo depósito de semillas, o diseñado quizá a manos de un bioingeniero con la ayuda de un ordenador a pedales (a pedales, sí), o la propia Emiko, la chica mecánica.  

Imposible describir en estas líneas todas las texturas y matices del mosaico especulativo creado por el autor. Tendréis que leerlo por vosotros mismos.
A lo mejor la foto no viene a cuento, pero... qué leches, ¡tenía que ponerla!


Una nueva referencia del género
Odio hacer este tipo de reseñas, tan entusiastas e indulgentes, pero la ocasión lo merece; encontrar un autor contemporáneo con esta narrativa y originalidad en el género ayuda a demostrar que la ciencia ficción sigue y seguirá aportando nuevas ideas y narraciones memorables, y eso bien merece una entrada algo menos crítica que las que soléis encontrar en el blog de El rebaño del lobo. Pero no,  no estoy siendo indulgente ni poco crítico, sencillamente no encuentro lastres, contras, peros que sacarle a la novela de Bacigalupi.

Yo, y si os decidís a leer La chica mecánica tal vez vosotros hagáis otro tanto, estaré bien atento a su carrera literaria

jueves, 18 de abril de 2013

Mars One: ¿Quieres formar parte de la primera colonia permanente en Marte?


¿La mayor estafa del siglo? ¿O la alternativa a una colonización politizada del planeta rojo? Mars One es una organización sin ánimo de lucro, el gran proyecto del investigador holandés Bas Lansdorp, tras cuyos esfuerzos cuatro astronautas se establecerían en una colonia permanente en el planeta vecino en el año 2023. La iniciativa se sostendría en una financiación mezcla del crowd-founding (70.000$ llevan recaudados, antes incluso de que el proyecto se conozca ampliamente) y, lo que más revuelo ha levantado: un reality show que seguirá la preselección, formación, selección, viaje y estancia de los colonos, y de cuyos ingresos se espera obtener la millonaria cifra necesaria para financiar esta locura con visos de genialidad.

Una viaje de ida sin billete de vuelta
Cualquiera puede formar parte de la primera colonia marciana, incluídos tú y yo. Tan solo es necesario grabar un vídeo en el que expliques por qué quieres abandonar la Tierra y pasar el resto de tu vida en Marte. Entregar este vídeo, a partir del próximo mes de Julio, tendrá un precio de 25$. Esperan (una estimación un poco prematura, en mi opinión) un millón de solicitantes, es decir, 25 jugosos millones de dólares, y esto apenas es el principio. El problema evidente es que los colonos no volverán a la Tierra, si no que deberán estar dispuestos a vivir en Marte el resto de sus días de vida, o lo que es igual, morir fuera de casa. A esto se añaden los peligros evidentes de la colonización. Y, sin embargo, es de preveer que una avalancha de gente se lance al que dejará de ser el sueño de la ciencia ficción y pasará a ser una realidad: la conquista del planeta rojo.

Gran Marciano
La comparación parte de la misma organización: Big brother, el reality por excelencia, dos palabras que ayudan y ayudarán a meter a golpe de martillo el interés por la exploración espacial en las cabezas de la población. Mars One puede convertirse en el acontecimiento televisado más importante de la historia, a la grupa de un aparato publicitario y de mass-media que cubra todo el proceso y tenga en vilo a... bueno, a todo el mundo. Veremos a los preseleccionados, viviremos con ellos el duro entrenamiento de siete años, la convivencia de los aspirantes en un medio simulado al detalle (incluyendo el desfase temporal de las comunicaciones, como en los famosos experimentos rusos), seremos testigos de la elección de los cuatro afortunados, ganadores del billete al exilio. Mars One, contando ya con el interés de una avalancha de compañías deseosas de venderles sus tecnologías (millones de dolares invertidos por estos emprendedores pueden empezar a dar frutos),  espera lanzar una red de satélites orbitales efectiva a partir de 2016. En el ostracismo más flagrante de la historia de la humanidad, a partir de 2023 los colonos repararán placas solares, discutirán por los cereales y patearán el polvo marciano ante la atenta mirada de una audiencia que se cuenta en millardos, igual que la edad de nuestro planeta. Tal vez, con toda probabilidad, veamos situaciones tensas, de peligro, desórdenes de la convivencia, o la clásica locura del colono típica de la ciencia ficción. Se espera una afluencia frecuente de colonos, a partir del primer grupo enviado, en grupos también de cuatro astronautas. ¿Será realmente este el modo más adecuado de establecer la esperada colonia? 

¡Eh tú, Obama, aparta esa sucia bandera de mi jardín!
En palabras de la organización: Mars One cree que la exploración humana del sistema solar debería consistir en un esfuerzo global, por encima de la ambición de una nación individual. La exploración marciana ofrece una oportunidad para celebrar el poder de una humanidad unida.

Y servidor no puede más que desear que esto sea así, casi tanto como dudarlo. En tiempos de la guerra fría esperábamos una colonización llevada a cabo por los gobiernos; con la llegada de la globalización, una exploración del sistema solar monopolizada por grandes corporaciones, atraídas por la minería de recursos. Y ahora que una propuesta comunitaria, global y apolítica entra en escena, ¿deberíamos tomarlo como síntoma de un cambio en el ambiente global? Wikimedia, los cables de Wikileaks, Mega, PirateBay, Anonymous, las revoluciones que hemos vivido y vivimos en estas dos primeras décadas del milenio, la enésima crisis del capitalismo como doctrina económica, pero que arrastra en su caída a los sistemas seudodemocráticos del liberalismo bestial, deshumanizado e involutivo... ¿Qué ocurre con el poder económico cuando la gente no compra sus periódicos, no ve sus programas televisados ni sus noticiarios de títeres porque accede a la información y el ocio por vías alternativas y demostradas como mejores? ¿Qué le ocurre cuando el pueblo financia el ocio que desea (¿crowdfunding amenaza a las grandes productoras?) y lucha activamente contra la obsolescencia programada?  ¿Qué ocurrirá con el sistema de producción cuando bien una política equilibrada de consumo, bien una revolución alimentaria (transgénicos) o energética, o quizá incluso avances en la tecnología de deconstrucción y reconstrucción de estructuras moleculares complejas (¡Descarga el esquema molecular, introduce un kilo de patatas e imprime tus propias google glasses!) hagan tambalear sus cimientos?

Pensemos en ello, con los ojos puestos en un cielo que cada vez se antoja menos místico y más inmediato.

viernes, 12 de abril de 2013

Isaac Asimov nos enseña a escribir ciencia ficción


Este genio del género sacó tiempo de entre su enorme producción de novelas, relatos y ensayos divulgativos para redactar estos impagables consejos. ¡Pero qué majo era este hombre!

Os dejo con el texto:


Escribir ciencia ficción
A menudo recibo una carta de algún joven afanoso, aspirante a escritor, que me pide algunas "sugerencias" sobre el arte de escribir ciencia ficción.
Tengo la sensación de que estos jóvenes piensan que debe existir alguna fórmula mágica que los profesionales mantienen celosamente en secreto, pero que yo, como soy un tipo tan bueno, voy a revelar.
Lo siento, pero no hay tal cosa, no hay fórmula mágica, ni trucos secretos, ni atajos escondidos.
Lamento tener que decirle que es cosa de mucho trabajo durante largo tiempo. Si usted conoce algunas excepciones a esto, se trata precisamente de eso: de excepciones.
De todas maneras, hay algunos principios generales que, según mi modo de ver, podrían ser útiles.
Son estos:

1) Usted tiene que prepararse para una carrera de escritor exitoso de ciencia ficción de la misma manera que lo haría para cualquier otra profesión altamente especializada. Primeramente, tiene que aprender a usar sus herramientas, tal como un cirujano debe hacerlo con las suyas. La herramienta básica para cualquier escritor es su lengua, lo que significa que usted debe desarrollar un buen vocabulario y refrescar sus conocimientos de cosas tan prosaicas como la ortografía y la gramática.
El vocabulario está por encima de toda discusión, pero puede ser que usted piense que la ortografía y la gramática son cosas superfluas. Después de todo, si usted escribe una historia brillante y espléndida, seguramente el jefe de redacción estará encantado de corregir su ortografía y su gramática.
¡No es así! Él (o ella) no lo hará.
Además, se lo dice un veterano, si su ortografía y su gramática son desastrosas, usted no puede escribir una historia brillante y espléndida. Quien no sabe usar la sierra y el martillo no fabrica muebles magníficos.
Aun si usted fue aplicado en el colegio, desarrolló su vocabulario, sabe deletrear "sacrilegio" y "sobreseer" y nunca dice "entre usted y mi" o " nunca no hice nada", eso no basta. Están también la estructura sutil de la oración y la construcción estilística del párrafo. Está el entrelazamiento inteligente de la trama, el manejo de los diálogos, y miles de otros enredos.
Si usted no sirve para ser escritor,
siempre puede dedicarse a alguna
profesión inferior, como la
presidencia de los
Estados Unidos.


¿Cómo hace usted para aprender todo eso? ¿Lee libros sobre cómo escribir, o asiste a clases sobre el tema, o a conferencias? Todas estas cosas tienen valor inspirativo, seguro, pero no van a enseñarle lo que usted quiere saber realmente.
Lo que sí ha de enseñárselo es la lectura detenida de los maestros de la prosa. Esto no significa que usted se obligue durante años a quedarse dormido sobre los clásicos aburridos. Los buenos escritores son invariablemente, fascinantes; ambas cosas van juntas. A mi juicio, los escritores de lengua inglesa que hacen el mejor uso de la palabra justa en el momento preciso y que arman sus oraciones y párrafos con la mayor habilidad y estilo son: Charles Dickens, Mark Twain, y P.G. Wodehouse.
Léalos, también a otros, pero con atención. Representan su aula.
Observe lo que hacen y trate de explicarse por qué lo hacen. No sirve de nada que se lo explique otra persona. Hasta que usted mismo no lo vea y no se lo incorpore, no hay nada que pueda ayudarlo.
Pero supongamos que a pesar de sus esfuerzos usted no termina de aprender. Bueno, puede ser que usted no sea escritor. No es una desgracia. Siempre le queda la posibilidad de dedicarse a alguna profesión ligeramente inferior, como la cirugía, o la presidencia de Estados Unidos. No será lo mismo, por supuesto, pero no todos podemos ascender a las alturas.
En segundo lugar, para llegar a ser un escritor de ciencia ficción no basta con conocer la lengua, también hay que saber de ciencia. Puede que usted no quiera hacer mucho uso de la ciencia en sus historias, pero de todas maneras tendrá que conocerla, para que lo que utilice esté bien utilizado.
Esto no significa que usted tenga que ser un científico profesional, o un egresado de carrera científica. No necesita ir a la universidad. Pero sí significa que tiene que estar dispuesto a estudiar ciencia por su cuenta, si su educación formal fue débil en ese aspecto.
No es algo imposible. Uno de los mejores escritores de ciencia ficción "dura" es Fred Pohl, que ni siquiera terminó la secundaria.
Por supuesto que hay muy poca gente que es tan brillante como Fred, pero usted puede escribir mucho menos bien que él y ser todavía bastante bueno.
Afortunadamente, ahora se publica mucha más ciencia de divulgación de buena calidad que en las generaciones anteriores, y usted puede aprender mucho, con bastante poco esfuerzo, si lee los ensayos de algunos autores de ciencia ficción como L. Sprague de Camp, Ben Bova, y Poul Anderson, o incluso Isaac Asimov.
Más aun, los científicos profesionales están escribiendo ahora también eficazmente para el público, como lo testimonian los magníficos libros de Carl Sagan. Y siempre está "Scientific American".
En tercer lugar, aun si usted sabe ya bastante de ciencia y también aprendió a escribir, todavía no es seguro que pueda sacar algo coherente de ambas cosas a partir de sus borradores. Deberá convertirse en un lector diligente de la ciencia ficción misma para aprender las convenciones y los trucos del oficio como, por ejemplo, entretejer el medio ambiente con la trama.

2) Usted tendrá que ejercitarse en el oficio

La instrucción decisiva la da la misma práctica de escribir. Y usted no debe esperar a que su preparación esté terminada. El acto de escribir es en sí mismo parte de la preparación.
Usted no podrá entender completamente lo que hacen los buenos escritores hasta que no lo haya intentado usted mismo. Aprenderá mucho cuando vea que su historia se le está deshaciendo en las manos o que está empezando a formar un todo. Escriba a partir del primer momento, entonces, y siga escribiendo.

Bob Heinlein lo hizo, pero él
era Bob Heinlein. Usted es solo
usted.
3) Usted tendrá que ser paciente.

Como escribir es en sí mismo un modo de aprender, no piense que va a poder vender la primera historia que escriba. (Sí, ya sé que Bob Heinlein lo hizo, pero él era Bob Heinlein. Usted es solo usted).
Además ¿por qué habría de desalentarlo eso? Cuando completó su primer grado en la escuela ¿no había terminado todo para usted, no? Después vino el segundo, después el tercero, después el cuarto, y así sucesivamente.
Si cada historia que usted escribe es un paso más en su educación literaria, no importa que las editoriales la rechacen. La próxima historia será mejor, y la otra todavía mejor, y eventualmente...
Pero, entonces, ¿por qué molestarse en presentar las historias a las editoriales?
Si no lo hace ¿qué modo tiene de saber cuándo se gradúa? Después de todo, usted no sabe qué historia va a poder vender. Podría ser la primera. Casi seguro que no será, pero podría ser.
Naturalmente, aun después de haber vendido su primera historia, puede ser que usted no logre colocar las doce siguientes, pero habiéndolo logrado una vez, es bastante probable que pueda hacerlo de nuevo, si persevera.
Pero, ¿qué pasa si usted escribe y escribe y no logra mejorar, y lo único que consigue son papeletas con notas de rechazo? Una vez más, puede ser que usted no sea un escritor y tenga que conformarse con un puesto inferior, como el de presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos.


4) Usted tiene que ser razonable.
Escribir es una de las tareas más maravillosas y satisfactorias que existen en el mundo, pero tiene unos pocos defectos insignificantes.
Por ejemplo: que un escritor no puede casi nunca ganarse la vida con ella.
¡Ah sí! Algunos escritores ganan mucho dinero; son aquellos cuyos nombres todos conocemos. Pero por cada escritor que gana a montones, hay miles que tiemblan cuando llega la cuenta del alquiler. No debería ser así, pero es.
Tome mi caso: tres años después de haber vendido mi primera historia, llegué al estadio en que uno vende todo lo que escribe, es decir me convertí en un escritor exitoso. Sin embargo, pasaron diecisiete años más hasta que pude ganar como escritor lo suficiente para llevar una vida confortable.
Así que, mientras trata de convertirse en escritor, cerciórese de que tiene otro medio de ganarse la vida decentemente; y no abandone ese trabajo hasta que haya vendido su primer texto.

jueves, 28 de marzo de 2013

Steam Tales: Antología Steampunk, en preventa

En breves, probablemente a lo largo del entrante mes de Abril, estará lista la antología resultado del certamen Steam Tales de ediciones Dlorean, en la que participo con mi relato El azul del cielo. Por el momento, ya es posible reservar ejemplares en la web de Dlorean por un precio reducido.

¡Qué ganas tengo de hacerme con el mío!

lunes, 11 de marzo de 2013

El monstruo en mí, de Ignacio Becerril Polo


Dentro de nosotros hay un monstruo que se oculta, que acecha, que teje retorcidas elucubraciones para justificar sus más bajos instintos.

Ignacio Becerril nos engaña en El monstruo en mí. Nos promete un monstruo, una aberración, pero cerramos el libro y nos quedamos con la sensación de dejar en la estantería un muestrario, un álbum plastificado lleno de retales de humanidad.

A lo largo de esta antología de terror con agradables visos de ciencia ficción, descubrimos que el autor no guarda ningún monstruo en su interior, sino un  febril anhelo de confirmación de identidad, una renuncia declarada a los instintos que nos bestializan.

Y es que, para colmo, Ignacio Becerril es un optimista incurable... ¿Monstruo? Si lo había al inicio, es vencido tras cada golpe de efecto, tras cada inspirada nota al pie, hasta que de la fiera no queda más que una mascota domesticada, un peut etre que sirve de recordatorio de lo que se esconde tras la renuncia a la humanidad.

Aquí una de esas notas al pie que comento, acerca de la frase de los grabados de Goya:
Si «el sueño de la razón produce monstruos», ¿qué es lo que produce el sueño del corazón? ¿En qué nos convertimos cuando desterramos de nuestra vida la compasión, la bondad, la humanidad más esencial...?
Estructuralmente, encontramos tres novelas cortas entrelazadas con unas cuantas historias breves, hasta un total de nueve escritos. Los relatos quedan en el recuerdo y cumplen con creces los requisitos para acompañar a las tres novelas cortas, pero definitivamente quedan ensombrecidos por estas últimas, que son hablando claro una auténtica gozada.

En La ciudad inhabitada se cruzan el terror cósmico de Lovecraft y los personajes de la narrativa contemporánea en un mosaico que desemboca en género, con todas las letras. Los que disfrutéis con cualquier variedad del fantástico sabréis a qué me refiero, conoceréis esa sensación cuando lees algo de un escritor que disfruta leyendo las mismas cosas que tú.

Casa ocupada ha sido definida por Juan Laguna -y creo que en este caso su entusiasmo es sincero, por mucho que sea también el editor de esta antología (ed. Saco de huesos), o precisamente por eso-, como «la mejor historia de casas encantadas que he leído en castellano» (estoy parafraseando de memoria, podría no ser exactamente así). Yo lo digo con lo boca pequeña, porque no he leído tantas historias sobre el tema como para sentar cátedra, pero aun así lo digo: hasta el momento es la mejor historia de casas encantadas escrita en castellano que he leído. Ese terror puro, tierno, macabro, inocente... el tipo de contradicciones que si es bien llevado da pie a las buenas historias.

Y, para cerrar el libro, El hombre que soñaba con mariposas. Una historia de rumbo cambiante (¿sabía Ignacio a dónde se dirigía cuando la comenzó?), con apariencia aglomerada, como si los giros argumentales fuesen añadidos uno sobre otro sin mucha claridad... y al final, cómo no, el final. Y para el lector imaginativo la imagen mental de Nacho sonriendo, sabiéndose vencedor y diciendo: Pensabas que no lo lograría, ¿verdad? Pensabas que la historia no merecería la pena, pero la merece. Y tanto que la merece: sin lugar a dudas mi preferida.

En cuanto al apartado formal de la obra, debo decir algo que puede sonar peor de lo que es, así que leed el párrafo hasta final. Ahí va: no me gusta cómo escribe Ignacio. Sin conocerle personalmente, creo que es alguien capaz de mirar durante media hora al cielo, a un arroyo, al vuelo de las cigüeñas. En sus historias no hay diferenciación entre cosas relevantes y cosas irrelevantes: todo importa, todo merece ser escrito, y eso hace que el ritmo decaiga a menudo, que las páginas pierdan fuerza en algunos momentos, y que a veces leamos palabras sin obtener, a cambio, lo que veníamos buscando: una historia. En esto pensaba a mitad de La ciudad inhabitada. Y tras terminar la antología, la sensación fue la misma que al terminar esa primera lectura: ¡A la mierda las formas! Sí, es un aspecto que no me gusta de sus relatos... Pero no me importa. ¿Y qué si no me gusta cómo escribe, cuando me gusta tanto lo que escribe?

Pero ese, el ritmo, es el único aspecto negativo que puedo achacarle. La prosa, por mucho que a veces sea algo clásica, es muy correcta y por momentos rica en imágenes mostradas con inteligencia. Los relatos están trabajados, y por encima de todo, las reflexiones del autor y de sus personajes dan sentido a una antología con un mensaje detrás, algo que es muy de agradecer. Probablemente no haya mejor baremo que la sensación que nos deja un libro al dejarlo en la estantería. Como dije al principio, un muestrario, un álbum plastificado lleno de retales de humanidad. La humanidad de Nachob, como se hace llamar por el mundo electrónico, y la nuestra. Y entre esos retales el recuerdo de aquél monstruo que creemos domesticado y que aun así, en una lucha constante y día a día, a duras penas mantenemos a raya... la mayoría de las veces.