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viernes, 9 de septiembre de 2011

Tutorial: Cómo cambiar el favicon de vuestro blog

Una corta introducción

La nueva interfaz de Blogger, entre otras cosas, nos permite cambiar el favicon de nuestro blog desde la plantilla, sin necesidad de implementar código adicional.

Estupendo, diréis algunos... pero, ¿qué es el favicon?

El favicon es ese pequeño icono que aparece junto a la barra de direcciones (y en algún otro lugar) y que identifica el sitio web. El de Blogger es esta "B" blanca sobre fondo naranja:

Aquí podéis ver la disposición de los favicones en el explorador de Mozilla:


Y aquí podéis ver lo estiloso que queda El rebaño del lobo en la lista de blogs de La vieja calle del panadero:

Lo siento, sibarita, pero tendrás que seguir mi consejo para que tu blog luzca así de aparente... :P

Cómo diseñar nuestro favicon paso a paso (poco más o menos)

Lo primero es elegir una imagen, la cual (o una parte de ella) convertiremos en nuestro icono. Yo he elegido esta:
Los requisitos de Blogger para la imagen que utilizaremos son los siguientes: la imagen debe ser cuadrada y pesar menos de 100kb. En teoría, después es Blogger el encargado de transformar la imagen en .ico (formato de icono de windows) y reducirla a 16x16 o 32x32 píxels de resolución. Por si acaso (podríais necesitarlo para otra cosa) os enseñaré a hacer esto también.

Utilizaremos Gimp, un programa que podéis descargar gratuitamente.

Una vez abierto el programa, hacemos click en Archivo/Nuevo... y en el cuadro de diálogo que aparecerá a continuación elegimos una resolución de imagen de 32 píxels de ancho por 32 de alto.
Una vez hecho esto, abriremos la imagen en cuestión como una capa o layer haciendo click en Archivo/Abrir como capas... y seleccionando el archivo concreto.
Naturalmente, no veréis un pimiento ya que la capa seguramente será mucho mayor de 32x32px. Pero no os preocupéis, fiaros de mí y pronto tendremos listo nuestro favicon. 
Os recomiendo que aumentéis el zoom (ctrl + rueda del ratón) hasta tener centrada el área de trabajo.
PixelS... PIXELS!!! PIXEEEEEEEELS!!!!!
Ahora, nos toca reescalar la capa para ajustarla a nuestro fondo de 32x 32, haciendo click en Capa/Escalar capa... (asegurándonos de tener seleccionada la capa de nuestra imagen).
No tenéis por que escalar la imagen exactamente a 32x32, sino utilizar este margen como límite para encuadrar en él la sección de imagen que queréis incluir en el icono. Yo, por ejemplo, escalo la imagen a 42x34. Debéis ir probando las distintas resoluciones (no importa no acertar o pasarse) e ir recolocando la imagen con la herramienta de desplazamiento (la que tengo seleccionada en la captura anterior). 
Una vez encontréis el tamaño y encuadréis la imagen, deberíais tener algo así:
El área resaltada en rojo es el tamaño total de la imagen, incluyendo lo que nos sobra.
No os preocupéis por el pixelado, tiene que ser así. En la vista previa, a la derecha, podéis ver que el icono se ve perfectamente al reducirse de tamaño.

A continuación, debemos eliminar ese exceso. Para ello, nada más fácil que hacer click en Capa/Nuevo desde visible. Una vez hecho esto, eliminamos las capas sobrantes haciendo click derecho en ellas y pulsando Borrar la capa. Solo debería quedarnos la capa de nombre Visible. 
Ahora, guardamos nuestra imagen (Archivo/Guardar como...) en formato [.ico].
 
...y ya tenemos nuestro flamante favicon!!!

Colgando nuestro favicon

Desde el apartado de Diseño de nuestro blog (lo conocéis todos, ¿verdad?) tenemos desde hace no mucho tiempo la opción de incluir nuestro favicon:

Esto es una gran mejora, ya que antes era necesario editar el código HTML de nuestra plantilla, lo que puede ser muchísimo más aparatoso.

No olvidéis que, para que vuestro favicon aparezca en el explorador, probablemente tengáis que reiniciar el explorador y limpiar caché y cookies.

Espero que os pongáis a ello, a ver si conseguimos que desaparezca de la blogosfera esa B  blanca y naranja tan aburrida y simplona :S.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Seleccionado para el I Certamen de género fantástico: Descubriendo Nuevos Mundos


Ayer 4 de septiembre, el jurado del I Certamen de género fantástico: Descubriendo Nuevos Mundos emitió el fallo del mismo, y con el mail que he encontrado en mi bandeja hace apenas diez minutos la verdad es que me han alegrado el lunes.

Junto a otros muchos (la organización ha decidido ampliar el número de seleccionados, en vista de la calidad de los relatos presentados) mi relato El ejército de luz aparecerá publicado en una antología que contendrá un total de 22 relatos y 12 ilustraciones. No puedo esperar a leerla...

Aquí la lista de seleccionados de entre los 169 relatos presentados a concurso:


Categoría: Ilustración/Fotografía artística.

Trabajos seleccionados 12 (selección inicial de 11 ilustraciones).

Ganador vale de 200 euros de la Fnac + portada de la antología: David Puertas

Seleccionados por orden alfabético: Sonia Corral, Escudero, José Gabriel Espinosa, Mayke Luis García Díaz "Maikel", Claudia (Cklo) Labella, Marisa López "Sarima", Nacho de Marcos, Piedad Ortiz, Gonzalo Paniagua, Óscar Pérez, Nacho Tenorio.
 


Categoría: Relato Largo.

Trabajos seleccionados 12 (selección inicial de 7 relatos).

Ganador vale de 200 euros de la Fnac: Sergio R. Alarte.

Seleccionados por orden alfabético: Ricardo Cebrián, Juan Cuquejo, Juan Francisco Donoso, Guillem López, Laura López, Carlos Martí, Pablo Martínez F., Ana Morán, Luis Palicio, Andrea Peña, Elaine Vilar.



Categoría: Relato Corto.


Trabajos seleccionados 10 (selección inicial de 8 relatos).

Ganador vale de 200 euros de la Fnac: Antonio Domenech.

Seleccionados por orden alfabético: Rayco Cruz, Gonzalo Fernández, Leonardo Gala, Alfonso Gutiérrez, Alberto Morán, Diana Muñiz, Julián Muñoz, Pedro Moscatel, Gloria Torres.



Enhorabuena a todos.

viernes, 2 de septiembre de 2011

De juerga con los cultistas

Escribo con pulso incierto estas líneas impías, trazos de una mente hecha jirones por la pavorosa verdad indecible, una verdad torturadora que jamás debiera revelarse a aquellos que esperen conservar la cordura. Pues aquellas fuerzas intangibles que recorrieron los evos del tiempo a través de lejanas estrellas, aquellas sombras que ennegrecen los rincones oscuros de la tierra, aguardan acechantes en sus guaridas al margen del tiempo, en malditas dimensiones de locura que...

-¡Iä! ¡Iä! ¡Cthulhu ftagn! -llegó el clamor desde las profundidades, en clave de rumba.

-Por el poder de los primigenios... -rezongó Eduardo Felipes Naveamor, depositando su pluma de cuervo de nuevo dentro del tintero con forma de cráneo humano.

-Yo vengo de la ihla, de la ihla de R'lyeh, de fumalme cuatro porroh que un profundo me invitó -continuaba el canto pagano, por llamarlo de alguna manera.

-Así no hay quien reinvente el terror gótico, leñe -mascullaba Eduardo mientras recorría con fastidio los crujientes escalones de madera que conducían a la cripta.

Aquel bramido de mil gargantas inhumanas adquiría una presencia todavía mayor entre aquellos muros de antigua piedra desacralizada: ¡Ay, que pena me da, que se me ha muerto el Shoggoth...!

Con una teatralidad depurada por la costumbre, Eduardo se estremeció de terror al acercarse a la pesada trampilla de la que provenía el sacrílego sonido. Doblando las rodillas (pues era el mejor modo de levantar peso, y su mente estaba perturbada por la terrible verdad, pero no tanto como para tomarse a broma los devastadores efectos de la escoleosis), Eduardo levantó la trampilla para apartarse al instante, mareado por la nauseabunda vaharada de aire con olor a ambiente cerrado, y lo que creyó distinguir como un leve toque de lavanda y eucalipto.

Descendía renqueante hacia el final de aquella escalera de peldaños arrancados de la roca virgen, cubiertos de un légamo de un indescriptible tono iridiscente. A cada paso aumentaba en volumen aquella desafinada orgía de cánticos guturales, ese desabrido rasgueo de guitarras tocadas por dedos que poco o nada tenían de humanos.

-¡No me gusta que al arrecife, te lleves la minifarda! ¡Que los profundos hasta la cintura, se quedan en el agua!

Cantaban. Y también:

-¡Te pillé en Insmouth, con lah manoh en el bacalao, te pille rezando a Dagon y ahora tó huele a pescao!

Finalmente Eduardo llegó a aquel portal en la roca, la fuente de aquella luz impía, de aquellos cantos impíos, de aquellos impíos...

-¡Callarse coño! ¡Joder ya!, ¿eh?

-Uuuuhhhh -le abuchearon los profundos, dejando a un lado las guitarras y el licor de huevas de kraken.

-Ni uhhh ni ah -insistió Eduardo.

-Cuidadito, ¿eh? -intervino uno de los profundos, de estrávica y húmeda mirada.

-Cuidadito leches, que no estoy yo...

-Aquí menos, a ver si...

-¿A ver qué, eh? A ver... ¡A ver!

-¡Mira... mira!

-Ni me hables, que te... que te...

-Que te, que te, qué. Tú a mí, ¡de qué!

-Pues eso -dijo Eduardo, desandando lo andado, escalera arriba.

-Pues bueno.

-¡Pues vale! -zanjó Eduardo Felipes Naveamor, tratando de recordar la trama del relato que la juerga de aquellos profanos seres milenarios había interrumpido. Había un manicomio... no, era una estatuilla... ¿o era un barco? Demonios, si tan solo hubiese escrito sobre reyes bárbaros con poca ropa, como le había recomendado Robert E. Howard...

Porque hasta él tenía que divertirse de vez en cuando...

martes, 30 de agosto de 2011

Ciencia y revolución

"Les ruego que pongan de su parte a la hora de acompañarme en este viaje hacia los albores del tercer milenio. El nacimiento de una época que los historiadores conocen hoy como la quinta edad de la historia –cesó para beber un largo trago de agua–. La era de la revolución informática, la era de la globalización, la tercera era de las revoluciones, la era de las crisis sistémicas, la era de la emancipación del conocimiento, la era de la conquista espacial. Si ya fuese la cuarta edad, tradicionalmente conocida como edad contemporánea, la edad del condicionamiento económico, la era de la subyugación de los ideales a la gestión de los recursos, fueron aquellas primeras décadas de nuestra edad tiempos de renovación, de un cambio profundo del vocabulario social."
La portada NO oficial, fruto de una tarde de cafeína, nicotina, post-rock y un Gimp que cada vez que lo abro me hace añorar el Photoshop un poco más.

Me planteaba estos días la conveniencia o no de hablaros de mi nueva novela, y en caso de hacerlo cuánto debía desvelar aquí de ella. Pero qué demonios, ¿por qué no iba a contarlo?

Terminé el manuscrito a mediados de la semana anterior, y a falta de su revisión y corrección será mi segunda novela, de una extensión similar a El rebaño del lobo, aunque radicalmente diferente.

Será para empezar una novela antológica, o casi casi una antología a secas. Habrá un relato principal que envolverá a los demás, al modo de las mil y una noches.

De la mano de Mikelu Savanna, un misterioso y excéntrico profesor del siglo XXII, leeremos una serie de relatos del género que nos acercarán a la literatura sumergida de ciencia-ficción en los albores de la quinta edad de la historia.

El libro tendrá pues varios valores: la trama principal -la del profesor Mikelu Savanna-, la trama de cada uno de los diferentes relatos, y las reflexiones que sobrevienen en voz del profesor y sus alumnos tras la lectura de cada relato, que tratarán la literatura, la ciencia ficción y la revolución. De ahí el nombre (¿provisional?) del libro. Ciencia y revolución, simple y llanamente porque tiene una cadencia similar a "ciencia-ficción", porque el libro habla de este género y también de la revolución de la ciencia y de la ciencia de la revolución.

Tal vez lo veáis en las tiendas, o tal vez no. Lo que es seguro es que yo me lo he pasado como un enano escribiéndolo...

Más noticias cuando las tenga.

domingo, 28 de agosto de 2011

Pulgares oponibles


Leyendo el prólogo de la antología Calabazas en el trastero: Bosques, redactado por Sergio Mars (La mirada de pegaso, El rayo verde en el ocaso), no puedo dejar de pensar en aquel escenario primigenio que fueron las selvas primordiales, el hábitat de nuestros ancestros arborícolas, y en (Sergio lo explica muy bien) aquel descenso del antepasado del hombre, aquel abandono de las verdes alturas para, empujado por la necesidad, recorrer la inhóspita sabana en busca de alimento, en pequeños grupos tal vez no muy distintos de las sociedades que aglomeran los primates actuales.

Imagino a aquellos precursores tímidamente erguidos, con la torpeza del desuso, atisbando por encima del nivel de la alta hierba para así trazar y alejar la línea del horizonte, en un nuevo ambiente en el que (lo escribe Sergio) la capacidad de ver antes de ser visto resultaba de importancia crucial. Y ahora, si puede saberse, ¿para qué demonios sirven las extremidades delanteras, acostumbradas por cierto a asirse a las ramas, a agarrar prensílmente el alimento?

El paso de los evos y un instinto genético que (sin medias tintas) nos impide mantener las manos quietas y vacías, pero no llegar a las mismas (a las manos, se entiende), casi hacen del uso de herramientas (¿armas?) algo inevitable. La cadena de causa efecto, cuyo principio no me atrevo a determinar, es la siguiente: el uso de las manos requiere de habilitas, un modo nuevo de pensar, y ese nuevo modo de pensar promueve el uso de herramientas, nos aúpa hasta el habilis (eslabón más, eslabón menos).

El palo de la fregona... y la dialéctica. Las toallitas húmedas... y la lírica. El ventilador de mano... y la heurística como lo que es, un lavado de cara de la intelectualización del mono, un modo de descubrir, de inventar, de resolver problemas mediante un pensamiento nuevo o que era nuevo hace dos millones de años.

Y mi rápida y valiente conclusión (valiente en un sentido totalmente peyorativo) ha sido la que tenía que ser cuando, dobleces de la vida, uno es a ratos un convencido humanista y a ratos un irreconciliable misántropo, y a los más una increíble mezcla de las dos cosas. Y es la siguiente: que la inteligencia no es sino una anomalía evolutiva, un efecto secundario no previsto, una casual broma del determinismo o del albedrío, de Dios o del universo, de un lejano ente consciente o incluso, por qué no, de un monstruoso espaguetti volador.

Y digo yo, vaya broma pesada...


jueves, 18 de agosto de 2011

Entrevista en el blog Sobreliteraturafantástica

La podéis leer aquí, y ya de paso echarle un buen vistazo a todo lo que tiene que ofrecer este interesante blog de literatura del género.

lunes, 15 de agosto de 2011

Mundodisco: A espaldas de la Gran A'Tuin


Con la edición de bolsillo de El quinto elefante en las manos y Ladrón del tiempo en la estantería, y aún tengo el atrevimiento de preguntarme sobre qué tema hablar en esta entrada. ¿Cómo he podido tener un blog durante tanto tiempo sin escribir sobre el Mundodisco? Pero -aunque tarde- repararé mi error, que no cunda el pánico. ¡Pasen y lean, el precio de entrada son cinco... no, diez dólares de Ankh-Morpork! ¡Y me voy a la ruina!


La tortuga se mueve

Contemplad la inmensidad estelar... ¿Qué es aquello que asoma tras la constelación de la hormiga beoda? ¿Tal vez un quelonio del tamaño de un astro, con cuatro elefantes en la grupa y el mundo plano como un plato sobre la espalda de estos?

Pues... sí, eso es exactamente lo que es.

El mundodisco es un lugar en el que la magia no tiene ni el más remoto parecido con el arte de sacar un conejo de una chistera, una tierra en la que el mismo tejido de la realidad es tan fino como el papel y en el que constantemente intentan adentrarse las cosas de las dimensiones mazmorra.

El mundodisco es también un lugar en el que los magos juran celibato, un mundo en el que las brujas no quieren pagar impuestos y en el que los enanos tienen serios problemas durante el flirteo (empezando por la dificultad que implica averiguar el sexo del otro enano).

Una tierra, en definitiva, en la que los cayados de los magos tienen un nudo en la punta. Un mundo en el que al puercoespín, señores, no se le puede joder.

El valle de Koom, la única batalla en la que ambos bandos sufrieron una emboscada.



El loco del sombrero

"¿Pato? ¿Qué pato? Disculpe señor pero no sé a qué se refiere."
De formación periodista (cuenta que vio su primer cadáver durante su primera hora de trabajo), Terry Pratchett ha sido traducido a más de treinta idiomas, y lleva vendidos más de cincuenta millones de ejemplares en todo el mundo. Humor inglés, fantasía ácida... ¿Cómo definirlo sin caer en clichés? Sus libros te harán reír a carcajada limpia, pero también te emocionarán los personajes que pueblan el mundodisco. El mago Rincewind, incapaz de pronunciar un hechizo; Yaya Ceravieja, experta en lo que ella llama cabezología; el bibliotecario de la universidad invisible, convertido en chimpancé por un escape de magia; Samuel Vimes, el cínico lugarteniente de la guardia... Terry ha creado un crisol de personajes inolvidables para poblar un mundo alocado tal vez, pero sorprendentemente parecido al nuestro.



Una saga para cada paladar

Aunque cada libro puede leerse de manera independiente, muchos de ellos siguen un orden cronológico, divididos en sagas según aparecen en ellos los distintos personajes.


La saga de Rincewind

Rincewind, el mago más inepto en la historia de la universidad invisible, amén de ser el protagonista del primer título del mundodisco, El color de la magia, recorre las inmensidades del tiempo y el espacio siendo fiel a su infalible sistema: huir siempre a la menor señal de peligro. Los cementerios están llenos de valientes. Cada vez que el mundo necesita un héroe, puede verse la espalda de Rincewind en la distancia, alejándose rápidamente...

Rincewind rodeado de las cosas de las dimensiones mazmorra. Por poco tiempo...


La saga de la guardia

El capitán Sam Vimes, un borrachín con las ideas claras y cierta fobia a las clases altas; el sargento Colon, un hombre que aprendió todo lo que sabe de la vida en la escuela de "me lo dijo un tipo en el bar" y se licenció en la universidad de "es de sentido común"; el inolvidable cabo Nobby Nobbs, portador de documentos que acreditan que es humano; y como no, Zanahoria, un enano de un metro noventa de altura.

A las ordenes de Vetinari, el patricio de la ciudad, estos hombres resolverán los más enrevesados crímenes. Una estupenda saga con muchos toques policiacos e incluso (quien lo iba a decir) de la buena novela negra de hace años.

Mal día para encogorzarse con la tropa.

La saga de las brujas

Yaya Ceravieja, la incombustible Tata Ogg y Magrat, la bruja novata, cambiarán constantemente el modo en que funcionan los cuentos, salvando el reino de las hadas buenas, los elfos y los príncipes apuestos, utilizando sus métodos poco comunes. Una saga que gana muchísimos enteros gracias a Tata Ogg, una viejecita calenturienta y borrachina para partirse de la risa, vaya.


La saga de la Muerte

Es un trabajo horrible, pero alguien tiene que hacerlo. ¿Quién mejor que la personificación antropomórfica de la muerte? Claro que últimamente Muerte está un poco... diferente. Tantas horas de trabajo con los humanos le hacen parecerse cada vez más a... en fin, a los humanos. El segador se identifica con la cosecha, y eso no es buena señal. Nadie está contento cuando un esqueleto de dos metros con capa y guadaña empieza a hacerse preguntas filosóficas...

La Muerte dándolo todo durante el apogeo de la "música con rocas dentro".

Otras

También aparecen en muchas novelas (aunque no exclusivamente) los integrantes del cuadro de profesores de la Universidad Invisible, un entrañable grupo de viejos tragaldabas y en las puertas de la senilidad, pero también las personas más poderosas del mundodisco...

Hay otra saga que se podría definir como la de la revolución industrial, en la que el disco es testigo de una modernización desternillante, con inventos como las imágenes en movimiento (el cine) o los clacs (una especie de telégrafo).

Y un par de libros sobre imperios antiguos, en las que aparecen lugares como Efebia (similar al mundo grecoromano), Klatch (Oriente medio/Turquía) Dejlibeibi (Egipto) u Omnia (¿Israel?).

El disco en la pantalla 

Varias novelas se han adaptado a la televisión británica, en miniseries inspiradas en las novelas El color de la magia, La luz fantástica, Papá puerco o Going postal. También aparecieron en su día tres magníficas aventuras para ordenador, Discworld, Discworld II y el imprescindible Discworld Noir, un juegazo como la copa de un pino.
La agente Angua (muy humana ella) en Going Postal.

Conclusión

Poco más queda por decir para convencer a quien todavía no haya conocido el mundodisco, salvo... ¡leédlos, leñe! Eso sí, mucho cuidado, porque son los libros más adictivos que he leído nunca. Claro que a diferencia de lo que ocurre con otros hábitos malsanos, podrás leer esta novela en bares, parques y accesos a edificios públicos... ¡Todo ventajas!